¿Te ocurre desear con prisa, impaciencia o incluso ansiedad y frustración?
Y cuando consigues lo tan anhelado, sentir…vacío.
Quizás una breve satisfacción, pasajera….que da rápidamente lugar u otro deseo? Y a otro y a otro deseo que se añaden en cadena?
Me imagino que sí. Porque esto forma parte de nuestros procesos hormonales y neuronales, de la bioquímica humana vinculada a la búsqueda y al deseo.
En cambio, ¿te ha ocurrido desear de manera totalmente pacífica y serena?
Por ejemplo, esperar que una situación se encauce de manera armoniosa, por el bien de otra persona o de un grupo, y sentir la paz inmediata a la que ese deseo o esperanza te conduce?
Momento maravilloso, ¿no? Es posible que lo estés sintiendo ahora, mientras lees esto, y seguramente tu atención vaya hacia el pecho….hacia el espacio del corazón.
¿Cómo es posible que el deseo, un mismo impulso tenga dos caras e impacto tan diferentes en nosotros?
Al fin y al cabo es deseo, así que ¿donde está la diferencia?
La diferencia proviene de un matiz. Aparentemente sutil. Pero con un impacto radical, puesto que ese matiz es la clave de lectura de un deseo, para averiguar si va a posicionarnos en un estado de inquietud o frustración, o si se trata de un deseo que nos lleva hacia la paz y la plenitud.
Te lo comparto aquí mismo: ese matiz es la MEDICIÓN.
Es decir, que podemos desear estructurando (conscientemente o inconscientemente) objetivos medibles, o bien desear desde una intención totalmente emocional e intangible.
Voy a compartir un ejemplo:
Mi deseo ahora es escribir un artículo para estrenar este blog, un proyecto/intención que llevo años sintiendo como algo importante que compartir pero nunca había dado el paso.
A esa emoción profunda y reconfortante de compartir, empiezan a añadirse los primeros pensamientos: el blog tiene que tener 1000 palabras, tiene que tener un impacto en el tráfico de la web, tiene que mejorar su posicionamiento SEO… toda esa tensión mental está conectada a objetivos todos ellos medibles, aceleradores del proceso pero también factores de fricción interna, fuente de la iniciativa y al mismo tiempo de la resistencia para actuar. Acelerador y embrague al mismo tiempo. Nuestra intención en cambio, es la cabeza que maneja esos dos pedales. O la brújula estable que guía nuestro proyecto de vida.
Resumiendo: los objetivos (lo medible) son nuestros pedales; los detonantes, aceleradores y frenos de nuestras acciones realizadas o potenciales. Pero es fundamental una intención gobernando esos pedales; de manera que la fricción sea la menor posible, y que fluyamos con el ritmo correcto hacia destinos coherentes con nuestra esencia….o con nuestra intención suprema de vida que también llamamos Alma; o Dharma en el yoga y en el Tantra.
Podríamos equiparar los objetivos medibles al ego, y si nos despistamos y estos objetivos gobiernan nuestro destino, nos conducen sin una intención consciente, nos van a conducir con mucha fricción y desgaste, hacia destinos desalineados con nuestra conciencia.
La clave para poner orden, dirigir nuestra vida en una dirección en línea con nuestra esencia, con el potencial más elevado de nuestro SER, es conectar regularmente nuestros objetivos a nuestras intenciones. Lo medible al servicio de lo sentido: jerarquizarlos garantiza mas armonía en nuestra vida.
Porque sola, la intención tiene muy poco poder.
Y solos, los objetivos nos llevan a un sucesión de logros y fracasos…resultados que un día se revelan como una acumulación absurda.
El yoga, la meditación. el Tantra son algunas de las practicas que llevan al sentir profundo, a la escucha del SER…para quien crea en ella, se establece un diálogo incosciente con el Alma. O intenciones superior de nuestra existencia. Y en esos espacios, es donde se reprograman nuestros deseos, jerarquizándolos y liberándonos del caos.
Vamos a intentarlo ahora.
Tienes algo en la cabeza que te está provocando fricción ahora mismo o esta semana? Donde lo sientes en tu cuerpo? Y sobre todo, es algo medible en tiempo, dinero, tamaño o espacio? Simplemente estas conectando con un objetivo, y te estás dando cuenta de la energía que te consume dedicarle toda tu atención.
Ahora lleva las manos al pecho. Inspira por nariz hasta seis, exhala por boca hasta 9. Dos veces. Y siente… ¿Qué intención hay por encima de esa fricción? ¿Que está buscando tu corazón en lo profundo antes y por encima de ese objetivo? Es algo no medible. Es emocional. Y no lo guía el ego: sintiéndote te has liberado por un instante. ..y esto es yoga.
Es tu brújula. Cuanto más lo haces más fácil es volver a casa, al gran maestro Corazón.
Mas allá de un cuerpo sano y fuerte, este es el beneficio del yoga. Escúchate y veras nuevos caminos. Confía.

